miércoles, 26 de noviembre de 2014

DÍAS DE TODOS


                                                                   LACRIMOSA


Hohelied der Liebe... música alimenticia




Hay días lúgubres y otros luminosos. Días de pereza exclusiva y razones opuestas. Hay días donde el cansancio devora la energía y las ganas de todo se las traga la nada.
Días de todos, que parecen pesar sobre uno mismo, asumiendo la responsabilidad de estar compartiendo días y años con un ejercito de enfermizos conformistas que sobreviven como pueden a todas las adversidades..
Uno no puede aislarse, ni evitar contagios y compartir circunstancias. El tiempo, con sus horas y sus días, esta infectado de problemas con un efecto dominó, uno cae y los demás le siguen.
Mantenerse al margen es una opción temporal alimentada con la indiferencia, hasta que se derriba tu propia ficha. Nadie esta exento de sufrir su propio crimen, su individual flagelación, su sentencia redimida.
La humanidad, en su conjunto, esta destinada a permanecer unida dentro de los límites terrenales donde habita. La ingravidez es un estado inmaterial no permitido para los cuerpos pesados que se aferran a la tierra atraídos por su magnetismo.
Todo lo que sucede en este paraíso terrenal repercute, por mas grandes que sean las distancias, en el resto de la superficie, implicando, directa o indirectamente, a todo el resto de humanos que tal vez no sean conscientes de ello, pero que les llegara, en forma de onda expansiva que arremete contra toda ingeniería generacional.
Hay días en los que uno se despierta y no quiere moverse de la cama. Intuye que dentro de ella, incubando una parálisis emocional, nada de lo que ocurre en el exterior podrá afectarle. En el lecho, lejos de miradas y juicios suspicaces, amparado por su soledad y las cuatro paredes que la resguarda siente la seguridad del topo, que nada le puede ocurrir mientras hiberna.
Pero el hambre crea movilización. Hay que salir al exterior y arriesgarse a comer el pan y compartir el riesgo con con otros. Esta situación creada por el hambre es el inicio de toda movilidad, el dilema de todo conflicto, la guerra en la que participamos con todo el arsenal de armas disponibles,sean del calibre que sean y destruyan razones, sistemas y condiciones.
Al pan se le añaden alicientes, tales como material optimo para hacer la vida mas sostenible y menos aburrida, convirtiéndonos en guerreros dispuestos a todo, combatiendo diariamente con todos los obstáculos y todas las maneras posibles para conseguir esos objetivos tan necesarios que convierten los días en glorias urbanas.
Hay días desesperantes, donde todo se nos viene en la contra, implicando en nuestra desgracia elementos tales como la incomprensión, el desasosiego, la falta de recursos, el intolerante sistema de condiciones, tan buenas para unos y tan malas para otros. Esos días son el germen para incubar nuevas energías. Nos revitalizamos, emprendiendo una lucha, marginando escrúpulos y conciencia. Dedicamos todo el tiempo a emerger del negativo , impregnados de un magma supervitaminico que regenera la sangre con la vitalidad de un recién nacido.
Son días de recuperación, de participación , de implicación, concentrados exclusivamente en vencer el aburrimiento, optimizando la vida con todos los recursos a nuestro alcance y para ello, implicamos al resto de humanos, contagiando esa energía, compartiendo la felicidad de la prosperidad, del crecimiento, de la colaboración a que todos podamos disfrutar de esos días de auge y felicidad.
Hay días donde la meditación aparece como un síntoma emergente que quiere ser atendido. Una pausa, un alto en la movilidad, un espacio vació de todo y lleno de nada. Días donde la vida parece tornarse humana, pacifica, libre de repercusiones negativas.
Esos días donde el sol aparece como si nunca le hubiésemos visto, y las estrellas nos muestran la insignificancia de nuestro esfuerzo.
Esos días repercuten en todo el resto de la humanidad, se contagian a larga distancia, llegan hasta el Universo y regresan como un boomerang cargados con polvo de estrellas, recargados con energías que llenan de buenas vibraciones a todos los rincones de la tierra.
Los días de todos, bailando al ritmo que marcan las circunstancias,tan ajenos y tan cercanos, tan parecidos, tan involucrados y a la vez tan desconocidos.
Los días, espacios de tiempo incluidos en los años,. Años que acumulan siglos, siglos que repiten constantes, a pesar de parecer innovaciones. Siendo anónimos entre nosotros, evolucionando cada vez más distantes, cada vez más infringidos por nuestras propias leyes, más deteriorados , más sumergidos en nuestro espacio individual.
Hay días lúgubres y días luminosos, días de pan duro y días de repostería. Hay días donde nadie conoce a nadie y días donde necesitamos la colaboración de todos.
Hay días de luto y días de nacimiento. Días de incubación y días de crecimiento.
Algunos días parecen siglos y otros minutos. Días de todos que parecen concentrarse en uno. Hay días de desesperanza y idas de culminación. Días para fomentar la humanidad y días sanguinarios.
El tiempo está repleto de días, y nosotros ,metidos en el tiempo, contamos los días como si fuesen sentencias dispuestas a ser cumplidas, homenajes a la supervivencia, destinos ignotos prestos a ses descubiertos antes de que la muerte convierta nuestros días en eternos.



martes, 18 de noviembre de 2014

ETERNA AUSENTE




Después de muchos días sin poder escribir nada,amortiguada enérgicamente y dolida por el fallecimiento de mi madre, parece que mi ánimo se presta a escribir esas mis cosas que quizás a nadie interesen, pero que me gusta compartir y encuentro cierto alivio en poderlas expresar.
Mama se fue, después de una larga estancia de 92 años. Se fue sin oponer resistencia, agotada por el dolor y consciente de su partida. Sus constantes vitales menguaron hasta detenerse, y sus ojos, pequeños y distantes, perdieron de vista la vida que la habitó.
Yo estuve a su lado hasta el último suspiro, ese lánguido y definitivo suspiro que salió de su cuerpo dejándolo inerte y vacío. La muerte estaba allí, delante de mi, mostrándome su realidad mas muerta, con su mortaja incolora y su desafiante silencio. Todo el ámbito a su alrededor pareció detenerse junto con su cuerpo. La belleza de lo vivo cambio su tonalidad por lo marchito, apagando el arco iris, acentuando el amarillento cenizo y el violeta estancado. Mama ya no estaba en el mundo de lo activo. Me pareció oír un aleteo sobre su cabeza, o tal vez lo quise oír. Un aleteo como de alas de mariposa, suave y liviano. Una evaporación del movimiento que se dispersaba en el aire formando parte de él.


Cuando quise llorar las lágrimas no acudieron a mis ojos. El espectáculo en vivo de la muerte me sorprendió mirándome a mi misma. Allí estaba la realidad más evidente del sentido de la vida, si es que vivir tiene algún sentido. En ese cuerpo sin más consistencia que la física estaban impresos los códigos genéticos de innumerables generaciones, tal vez incluso algún pequeño resquicio del primer gen, de la primera vida que habitó este planeta.
Yo soy un eslabón más de esa cadena y mis hijos, y los hijos de mis hijos; una secuencia interminable que prolonga la vida más allá de toda muerte, rozando la eternidad.
Mi madre, en cuerpo presente, dejó este mundo cuando la vida se canso de habitarlo. La vida, que lleno todo su espacio de crudas y duras experiencias, de superaciones y sacrificios, de miedos y enfrentamientos con la supervivencia. La vida que un día la amamantó con sus generosos y abundantes senos, ahora la desnutría, la secaba de toda sangre, la paralizaba de toda palpitación.
Tranquilo y reposado el cuerpo, rigidez absoluta, rictus forzado que ni gime ni ríe; solo aprieta.
Acudieron a mi mente escenas vivas, momentos felices y tristes compartidos, y no siempre apreciados. Repaso obligado que duele y educa, hemeroteca activa que reproduce las escenas donde la vida se prolonga mediante la grata ventaja de la memoria.


De haber existido desde el principio de la existencia humana la fotografía, el vídeo, el ordenador, la televisión... conoceríamos a todos nuestros antepasados, sus características, sus mezclas ,sus orígenes.
Son ideas que se me pasaron por la cabeza mientras permanecía sentada apretando la mano de mi madre, donde las uñas se tornaron de color violeta y las venas perdieron su volumen.
Antes que madre fue hija y así sucesivamente, vamos repitiendo defectos y virtudes, errores y aciertos.


Cuando nos convertimos en madres dejamos a un lado la prioridad de hijos. Cortamos el cordón umbilical de manera inconsciente y casi brusca, pasando a dedicar nuestras energías a los hijos. En una ley de sucesiones nos alejamos del vientre para ser vientre, instauramos nuevos conceptos, corregimos viejos vicios e insistimos en beneficiosas herencias. Los tiempos cambian contagiando cierto desapego a remotas costumbres, pero las herencias genéticas permanecen imborrables, persistentes, eternas.
La evolución colabora a que tengamos discrepancias, aquellas actitudes correctas que ahora son antigüedades, actitudes pasadas de moda y caducadas.
Mi madre fue viuda la mayor parte de su vida, tal vez por eso mi amor se centro en ella, mi manutención y mi existencia dependían únicamente de ella.



No se cuantas veces le lleve la contraria, ni cuantas más mi superioridad compitió con la de ella. Quizás más de una vez mi orgullo la hirió, mi competencia la humilló, mi desorden generacional la dejo sin armas para combatirme y enderezarme. No se, son cosas que ahora, delante de la irremediable parálisis de la muerte me incitan a ser mejor, escuchar esa voz que se acallo para siempre, acatar esas obediencias que nunca obedecí, ser lo más parecido a su bondad, a su genio a su fortaleza, a esa lucha que la sostuvo y la permitió vivir casi un siglo, pese a la crudeza de su enfermedad. Resistió, porque por encima de todo dolor ansiaba vivir para ver, sentir, amar, estar aquí, aunque la estancia fuese insoportable.


Me cuestiono hasta que punto fui una buena hija, estoy convencida de que me aceptó tal como soy, pese a no entenderme, pese a ser un jeroglífico para ella. Mi mezcla genética, acumulación de diversidades y caracteres, no siempre fue de su agrado, tal vez por eso nuestras guerras fueron interminables.
Mi madre fue, y yo seguiré siendo, la parte móvil de su inmovilidad, hasta que la vida me lo permita. Ahí están mis hijos y mis nietos y los hijos de mis nietos que tal vez ya no me conocerán. Siempre nos quedará el consuelo de la tecnología.




martes, 7 de octubre de 2014

VIVIR A CONTRAQUEJA






ALVARO SIQUEIROS
Cuando la queja se convierte en costumbre uno se acaba quejando de todo. Lo curioso del caso es que la mayoría de los quejantes no suelen hacer nada para solucionar el motivo de la queja.
Razones hay, infinitas, para lamentarse; desde que uno se levanta hasta que se acuesta transcurre un tiempo repleto de contratiempos, de sucesos en los que directa o indirectamente uno se ve implicado. Vivir a contraqueja no es posible, todas vienen con su indicación bien formulada, con su lote de insatisfacción bien especificada.
Las cosas no salen como uno quiere, y como somos muchos, todos queremos una manera y un modo particular de que sucedan; coincidimos, opinamos, decidimos, participamos...pero en el resultado final siempre queda la queja.
Uno se levanta con dolor de huesos y empieza el día quejándose del colchón, de la edad, del estrés, del ruido. De todo cuanto le parece digno de queja. Si uno está sano y no padece enfermedad alguna, lo más probable es que este entumecido y que todo se resuelva con una ducha y la acción. Si uno es un anciano tiene motivos de sobras para quejarse, el desgaste del tiempo se ceba con el cuerpo y la mejor solución es cambiar la queja por resignación.
El resto del día propicia el ánimo a seguir quejándose. Acabo de levantarme y ya estoy cansado; no se que ponerme; ir a la escuela es un suplicio; estoy hasta los huevos del trabajo; el tránsito está imposible; el aire está irrespirable no se que hacer para comer; todo está carísimo; la vida es un asco...


ALVARO SIQUEIROS

Uno no se queja en voz alta casi nunca, las quejas son silencios que se quejan por no poder expresarse y gritar a voces que uno esta infectado de inconformidad congénita y no sabe o no quiere o no puede hallar el elixir que lo cura todo.
Personalmente opino que son más los que se quejan por lo que les sobra, que aquellos que, justificadamente,se quejan por lo que les falta.
Aunque racionalizando y con un buen ejercicio de reflexión uno se da cuenta de que la mayoría de las quejas son por vicio, por un empacho de bienestar que satura y aburre.
Se quejan más las personas de los países desarrollados y bien alimentados,que aquellas cuyo destino les ha condenado a ser el defecto y lacra de un planeta que se queja de la nefasta repartición de los bienes que tan generosamente prodiga, y que, de manera egoísta son acaparados por un sector que se califica a si mismo como primer mundo.
Hay un indecente sistema que organiza las quejas de tal manera, que algunas pueden ser oídas y evaluadas, incluso existen lugares donde ser expuestas. Aunque la realidad demuestra que pasan a engrosar la hemeroteca del auditorio de sordos que tienen por costumbre y norma eso. Hacer oídos sordos .
Quejarse por todo es un síntoma de insatisfacción, las más de las veces justificado. Y es que esperamos que las quejas sean resueltas por otros a quienes hemos encomendado la tarea de que se nos escuche, el encargo de aplacar y solucionar, aunque sea con balas, cañones o bombas, el origen de la queja.


ALVARO SIQUEIROS

Una queja puede ser catalogada de desproporcionada, también de inútil. Puede pasar a la otra vida después de entablar una lucha incesante con esta, sin haber resuelto nada, fenece con el exponente.
Quejarse por quejarse es un defecto de gente imperfecta que espera ser perfecta insistiendo en su queja; nunca desiste, nunca alcanza la perfección.
Cuando uno, después de un apacible sueño en una cama confortable, bajo un techo a resguardo de la intemperie,abre los ojos y comprueba que sigue vivo, a pesar de los achaques. Cuando entra en la ducha y resuelve su higiene con agua caliente o fría y su armario lleno de ropa le ofrece un look variado. Uno debe sonreír.
Cuando abre el frigorífico y no sabe porque desayuno optar, ante un escaparate tan repleto de sugerencias, con tanto aporte vitamínico y tanta energía precintada.
Con un estomago saciado y un perfil más que apto para la exhibición mundana, camino del trabajo de la escuela o del paseo...uno debe dar gracias.
Tres comidas al día, más los extras de entre horas. Salir de compras, vacaciones, amistades, diversión.
Uno debe agradecer tanto confort, tanta facilidad, tanto ajetreo mundano, tanta riqueza. Cueste lo que cueste, uno debe estar agradecido.
Pero nadie regala nada, cada uno contribuye a ese esfuerzo, con quejas, muchas quejas,porque nadie se lo pone fácil, porque todo cuesta el desmesurado esfuerzo de contribuir a la causa social para poder darse el gustazo de ser un ciudadano del primer mundo, cuando la queja con mayor justificación y lógica debería estar enfocada a que todo el planeta fuese un primer mundo.
Las quejas deben estar dirigidas hacia causas injustas y contrarias a las leyes de la naturaleza humana. Una simple queja puede ser desencadenante de un enfado que va creciendo hasta tener el volumen de una guerra, que puede ser interior o mundial.
Quejarse de lo mal que lo hacen unos para que otros vivan peor, tiene su justificación en base a lo que uno hace por uno mismo sin pensar en los demás, sin reparar en la escasez de miras que impide ver la desproporción que existe entre una queja justa y una queja injusta.
El silencio de los más aplaca en cierto modo la queja de aquellos que les silencian. En este disparatado mundo donde toda injusticia está justificada por razones de prioridades y derechos. Ninguna razón justifica la mordaza ni los grilletes. Algún día la humanidad entera se unirá en una única queja, lamentando el estado en que habrá dejado el planeta. Nadie escuchará



ALVARO SIQUEIROS




jueves, 2 de octubre de 2014

EL SECUESTRO DE LA MENTE









He pensado,pensando mucho más allá de lo que normalmente se puede pensar, que el esfuerzo de pensar requiere todo un ritual de entrenamiento y autonomía.
Entrenamiento para ir adquiriendo la costumbre de pensar, autonomía para pensar por uno mismo sin que interfieran pensamientos adobados con conceptos ajenos.
Y es que el tiempo de vida se ocupa más en la supervivencia elemental que de la inteligencia original.
Tanta preocupación como exige el mantenimiento del cuerpo, con todos sus pormenores, sus deseequilibrios, sus indigestas, sus desgastes y dolencias, que apenas queda tiempo para pensar que dentro de ese cuerpo habita un cerebro capaz de solventar en gran parte toda la esa desorganización y sus consecuencias.


Pensar es hacer una pausa en cada observación y dedicarle un tiempo de reflexión, analizando punto por punto lo que sentimos, vemos y conectamos. No hace falta ser un lumbreras ni un superdotado para activar el razonamiento, la actividad cerebral es genuina, se presta por si sola a ser investigada, seleccionada, descubierta en toda su capacidad, desarrollando una potencial que nunca es utilizado al cien por cien, pero si menospreciado y esclavo de otras potencias que interfieren de forma muy agresiva en todo comportamiento.
Dejar que se piense por nosotros es aceptar la esclavitud y sentirse seguro en ella; aceptar las condiciones con un aval que concede un crédito para vivir a las ordenes de un sistema que nos protege y exige todo a la vez, impidiendo cualquier fuga, cualquier atisbo de personalidad, un grito de luz, un intento de libertad.
La masificación se caracteriza por un compacto cuerpo de sumisos que aceptan las condiciones de unos dirigentes, siendo estos expertos en pensar tanto, que incluso pensaron el modo de que el resto no piense, viven ocupados en proporcionar armamento bélico contaminante y silencioso, que va minando el carácter y la inconformidad, adiestrando de manera colectiva con un sutil encanto consumista y un toque persuasivo de intimidación.
El cuerpo personal es un cuerpo añadido al batallón de añadidos por perseverancia y conformidad. 




Cuando un cuerpo se queja se resiente al resto de
afiliados y dejando a un lado el ejercicio de pensar se opta por aceptar la solución más complaciente, asumiendo el defecto como un efecto propio de un estado del bienestar.
Los lavados de cerebro tienen como efecto secundario la eliminación de todo esfuerzo conseguido tras años de ejercer una actividad productiva. Son higienes propagandísticas que casi siempre tiene como objetivo restaurar el bien común, contribuir a que la sociedad siga sin interferencias perjudiciales para sus progenitores.
Cada vida es única, cada cerebro tiene capacidad para advertir esa prioridad, esa particularidad que nos permite discrepar de otros pensamientos, distinguir cualquier opacidad ajena de la luz propia.
La humanidad esta sometida al régimen del no pensar, a la dictadura del no distinguir, al desencanto del no ser uno para ser los otros, los del grupo, los que suman más, los que optan no ser para que sean por ellos. Este comportamiento tan borreguil nos esta llevando al desastre generacional, al holocausto intelectual, al finiquito de toda posibilidad de sobrevivir sin estar oprimidos y deshumanizados.
Las dolencias físicas están asociadas a toda esta descomposición antinatural.
El cuerpo se revela ,quiere ejercer su autonomía junto con la mente, entender y averiguar, ser capaz de asimilar lo que le sienta bien y lo que le envenena.





La atrofia mental es la culpable de todos nuestros males, la expansión de los perjuicios, el mal que acabara siendo una normalidad en un mundo de no pensantes.
Todo esta adulterado para adulterar. La manipulación de las noticias, los argumentos universitarios, los alimentos, las genéticas, los bienes y los males, las organizaciones, los conceptos, las religiones, las economías, los medicamentos, las políticas...
La necesidad de pensar y distinguir es cada vez mas acuciante si no queremos vernos manipulados hasta el extremo de sucumbir a los deseos de las potencias que absorben nuestros cerebros con un sinfín de proyectos que solo benefician a un sector muy privado de la humanidad, un sector que conoce muy bien las debilidades y ambiciones de la masificacion, un sector que piensa por los otros pensando siempre el modo de que no pensemos.
La revolución si, pero de las mentes, sin ella no pueden haber ningún otro tipo de revolucion, todas estarían condenadas al fracaso.





viernes, 19 de septiembre de 2014

DESNATURALIZACIÓN








Es un duro golpe para la naturaleza esgrimir la indiferencia hacia todas sus manifestaciones. Desafiarla, equivale a potenciar el dolor y la incertidumbre, adoptando una actitud de insalubridad que desvalija el cuerpo de sus herencias primarias, exponiéndolo a merced de mutaciones que repercuten en todo el sistema inmunologico.
Cada vez son mayores las represalias, cada vez mayor la frecuencia con que asistimos al desmantelamiento de la naturalidad para ser robots impulsados por las mismas ambiciones, dejando las neuronas colgadas en un espacio en blanco donde se imprimen códigos ajenos a nuestra personalidad, alterando nuestro carácter, invadiendo nuestro intelecto, calcinando cualquier síntoma de espontaneidad que pueda sintonizar con el verdadero sentido de la vida.
El contagio por desidia se produce cuando invadidos por el miedo, esperamos un rescate que nada tiene que ver con lo que tememos; intoxicado el cuerpo por un sistema opresivo y exigente, entregamos nuestra mente al servicio de cualquier solución que nos alivie de tan desquiciado martirio.
Nuestra identidad individual se desintegra y se mezcla como un grano de arena en un desierto árido donde solo los vientos cambian la posición de las dunas, siendo estás siempre las mismas a merced de los caprichos del viento.



Un rebaño de cuerpos desnaturalizados que solo ven el camino que más conviene al pastor; una masa compacta conducida al matadero sin opción ni recurso humano que la salve de su destino.
La capacidad de adaptarse a un sistema dopado con la ambición es resolutiva. Fácil decisión que se premia con la simplicidad de una vida sin demasiados complejos ni actitudes personales que destaquen de lo establecido.
La naturaleza incita a dejarse llevar con la exigencia de ser libres para disfrutarla. No señala caminos, los insinúa, despeja el espacio por donde transitamos,llenándolo solamente con nuestra voluntad para reconocer sus enormes gratitudes aceptarnos como somos con la posibilidad siempre de descubrirnos.
De todos los males que afectan a la humanidad el saqueo desmesurado de los recursos naturales, la contaminación del medio y la mutación genética con que manipulamos los alimentos son el mayor crimen que perpetramos contra nosotros mismos.
 


La insaciabilidad de unos y la necesidad de otros contribuye al desequilibrio racional de la naturaleza, convirtiendo el planeta en un caos sin identidad.
Es difícil respetarse a uno mismo si uno no es dueño de sus propios valores, si uno no se reconoce animal racional con la capacidad de domarse,sin valorar el espacio que habita como la mayor riqueza para su sustento.
Cuesta encontrar un rincón desinfectado, un camino sin latas ni plásticos, una porción de oxigeno descontaminado, un cielo sin motores, un rio sin espuma...
Proliferan las enfermedades desconocidas; lo antinatural muestra sus desagradables síntomas de manera perceptible...no encontramos defensa, y las nuestras, las que recibimos por herencia materna, están tan adulteradas que han perdido el juicio y se dejan manipular por los fármacos como solución antinatural, siguiendo un tratamiento adecuado a los tiempos desnaturalizados.
Todo cuanto comemos esta infectado por toxinas, y en el mismo alimento se incluyen los paliativos para impedir su toxicidad.
Los animales son engordados en tiempo récord, alimentados en espacios cerrados, encasillados en en jaulas que les impide la movilidad para evitar un desgaste de energías. Sacrificados en cadena, sin respeto al dolor ni al estrés. La carne contiene más pesticidas y fungicidas que proteínas y todo esto es digerido por el humano, que evacua en la naturaleza el fertilizante desnaturalizado.
Congelados y enlatados filtran sus conservantes en los intestinos, circulan por la sangre, se depositan en nuestros órganos, se acumulan en nuestras neuronas y contribuyen a ese paranoico enloquecimiento institucional donde la naturaleza pierde su calidad y se convierte en una espectadora impotente y desvirtuada.
Los vegetales tampoco se salvan de la infección.



Mundo de insanos y descerebrados que han perdido el control sobre sus propias vidas ,achacando el problema a un desborde de superpoblación.
Padecemos porque desconocemos, ignoramos porque nos acomodamos, mientras envejecemos sin haber apreciado un ápice de todo lo que nos fue regalado.
La capacidad de destrucción del ser humano es equiparable a su capacidad de creación. Destruir no precisa esfuerzo, construir requiere un esfuerzo continuo de integración con la naturaleza, un reconocimiento a la vida en todas sus ventajas e incomodidades, una concienciación personal no invadida por elementos nocivos que atentan contra la propia vida.






sábado, 2 de agosto de 2014

MISERIA...ORA PRO NOVIS




Que diferentes somos, siendo como somos huéspedes de un mismo planeta. Que solidez la de nuestra especie que se prolonga hasta parecer inagotable,reincidiendo en los mismos errores y justificándolos.
Nacimiento y muerte nos convierten en hermanos, los clanes familiares nos arraigan en el amor, multiplicando las genéticas haciéndolas interminables.
Las distancias entre unos y otros nos convierten en desconocidos, allí donde el roce no llega la indiferencia es palpable;nada queremos saber de lo que ocurre más allá de nuestros confines, si acaso, estar informados, para poder comparar entre mundos de primeras,segundas y terceras categorías, donde clases pobres, medias y altas conviven de forma civilizada...encarnizadamente.
Estando tan ocupados como estamos en hacer nuestros deberes, aplicando la disciplina que dicta la sociedad, no nos queda tiempo para sugerir un modelo mejor de asfixia, una manera más justa de hacer que los pulmones no se sientan obligados a respirar el oxigeno que les robamos a otros.



Nuestros problemas conviven paralelamente con los problemas ajenos, siendo todos provenientes de un mismo origen. La lucha por la supervivencia.
Vivir no es tan difícil, todo depende de los ajustes y medidas que le exijamos a nuestra existencia.
Tenemos tanto de todo y sigue pareciéndonos que algo nos falta; es un vació que se crea cuando la resaca del aburrimiento por lo que tenemos convierte lo excepcional en monótono, lo imprescindible en inútil, en algo que en su día nos agotó el cuerpo y obligó al hígado a trabajos forzados para obtenerlo.
Tenemos el monopolio de las crisis. Las nuestras nos atañen personalmente y siempre lo son más que las de los otros, que en vez de crisis lo llamamos miseria. La miseria es un estado humano que degrada al ser hasta el suburbio de la decadencia inmoral,con el consentimiento digno del resto de humanos que aceptan en otros ese estado, excusando que es un ajuste de cuentas entre especies para permitir el equilibrio de unas mediante el despojo de otras.
Ya tuvimos nuestras guerras, ya superamos nuestras miserias. Los tiempos nos dan la razón...de algo sirvió tanto cadáver anónimo en las cunetas, algo bueno dejaron los excesos de patriotismo, los ideales sin ideas propias, los dictados en la escuela que nos obligaron a la renuncia personal de nuestros principios para adaptarnos a los fines de un dictador. El tiempo lo cura todo, restablece el orden por dentro y por fuera. Todo es abundancia y prosperidad.




Pero la decadencia, por designio, es un estado que sigue a la abundancia, un circulo en espiral que nunca encuentra sus dos cabos para cerrarse completamente.
Y a ese reajuste económico y moral lo llamamos crisis.
De las grandes crisis nacen las dictaduras. Hay que restituir la moral y el ánimo perdidos. Las masas se unifican, se alborotan, muestran sus garras a través de los guantes de camuflaje. De nada sirven las conciencias, eso son recursos humanos que se agotan cuando nos atañe personalmente el drama.
Las mayorías absolutas deciden que por cantidad ganan, y en esa ganancia va implícita la perdida de libertad de las minorías...y también la de las mayorías, que después del saciarse en el banquete del optimismo padecen acidez de estomago.
Las miserias tienen sus guerras controladas, no aspiran a ganarla. Aceptan su destino como una condena existencial, su inteligencia no emite estímulos de regeneración, es una aceptación hereditaria, un acoplarse sin remedio, una resignación involuntaria que acaba siendo un problema social, para los saciados y para los insaciables.
Las miserias son necesarias para que otros puedan aceptar sus crisis, mirando siempre al que recoge las sobras de esa crisis y nada objeta. Nuestras crisis son un reajuste en los excesos, una posible apertura de conciencia, una visión sin dioptrias, tal vez un desencanto de nuestras vidas,tan cargadas de vicios y cacharros inútiles, que solo sirven para apaciguar el descontento.




Nada se puede hacer,decimos...es cierto. Nuestra guerra particular consiste precisamente en adaptarnos a nosotros mismos sin la coacción de los elementos que nos transforman, esos caprichos que fomentan el consumo y por lo tanto generan empleo, un empleo al que optamos para poder ser a la vez productores y consumidores, así pasamos la vida, gastando nuestras energías en producir para consumir .
Por esa razón no nos queda tiempo para distinguir entre miserias y crisis, convirtiéndonos demás en activistas que fomentan el descontento de aquellos que saltan nuestras vallas, que invaden nuestros derechos, que nos avergüenzan con sus pretensiones de querer ser como nosotros, que vienen a quitarnos el trabajo, el exceso de pan, la sobrecarga moral que almacenamos en nuestras instituciones y que nos reclaman derechos humanos.
Para que amargarnos la vida con problemas ajenos que solo nos atañen cuando ensucian nuestros aseos y remueven nuestras basuras. Para que desperdiciar nuestro intelecto en asuntos tan lejanos que solo bombardean nuestros medios cuando los excrementos sociales rebosan salpicando nuestras sobremesas. Que necesidad hay de preocuparse por lo que no tiene remedio ni depende de nosotros encontrar la solución.
No hay que amargarse la existencia mientra podamos amargar la de otros. Y así, entre el convencimiento de lo irremediable y la convicción de lo imposible arrastramos nuestras crisis con la pretensión de que otros,en mejores condiciones que las nuestras, sean conscientes de ellas y nos ayuden a resolverlas.
Mierda planetaria que abona una tierra destinada a la masificación descontrolada y hambrienta. Humanos que cada vez, mas deshumanizados, hablan de cultura y prosperidad, civismo y avances técnicos.
Y todo ello bajo un mismo sol, ese dios Ra que broncea la piel de los afortunados y chamusca la de los desheredados.
En fin, que mi remordimiento no les amargue un minuto de existencia.



viernes, 25 de julio de 2014

EL DIOS RA



El sol sale cada día para todos, no muestra preferencias por ser humano alguno ni discriminación; tampoco es racista, ni brilla más para los buenos que para los malos; ricos y pobres se benefician de su potencial con los mismos derechos y bendiciones.
El astro sostiene la vida, la fecunda, la incita, la colorea.
Permanece quieto, inmóvil, atrayendo hacia su luz planetas que giran incansablemente a su alrededor a distintas distancias, fríos y estériles los unos, enigmáticos otros, y el más cercano, La tierra, beneficiario directo de su proyección.
La Tierra, con mayúscula, es un pedrusco redondo, esmerilado, refinado y pulido por el centrifugado permanente,flotando en la gravedad del espacio, rodeada de cielos sembrados de estrellas, todas y todos amparados en un mismo espacio. El Universo.
A más no llego. Me quedo hasta donde mi vista y mi conocimiento me permiten. En el universo se mueven las energías, se desplazan los átomos, se diseñan las mayores obras de la ingeniería a las que el ser humano dedica horas y años, intentando averiguar el origen y finalidad de tanto milagro, y cuando llega a un punto de certidumbre, el punto cambia abriendo una nueva incógnita...así sucesivamente.

Quedémonos bajo el sol.

Mientras la luz asciende por el Este arrastrando hacia el Oeste las tinieblas,
se escenifican los acontecimientos rutinarios, actos y acciones emprenden lo cotidiano accionando lo que llamamos vida, cada una en su contexto, implicadas todas en un mismo fin. Sobrevivir.
Al sol le da lo mismo todo cuanto sucede bajo sus radiaciones. El sol permanece impasible, no se cabrea ni se emociona, no altera su constancia ni se desvirtúa. El astro se limita a ejercer su función, seguramente ajeno a su fin y nada interesado en conocer su origen.
Los beneficiarios de su existencia se desviven por su efecto, sienten en su piel el calor enervante de la naturaleza, dedicando sus energías al aprovechamiento de la luz, cumpliendo con sus deberes, racionalizando sus necesidades.
La tierra gira a su alrededor al mismo tiempo que gira sobre si misma, para un reparto equitativo de sus beneficios, de sus inseminaciones, de sus ocasos y sus renacimientos.
El sol es patrocinador de todas las culturas, de todas las existencias y todos los milagros. Si él, nada ni nadie serian posibles.
Nada es nuevo bajo el sol, se dice, por decir algo, digo yo...porque la novedad innovadora es seguir vivo después de tanto competir con el enemigo más temido, el usurpador más inesperado, el traidor mas conocido...La Muerte.




Al sol le debemos casi todo, por no decir todo. Cada semilla fecundada ha cumplido millones de veces las ordenes de su benefactor, reproduciéndose a si misma desde su origen, colaborando al mantenimiento de la existencia para alimentar a sus moradores. Cada ser vivo se alimenta de sol en cada ingestión, distribuye por su organismo las dosis de energía provenientes de sus explosiones, activa sus miembros, oxigena sus neuronas,regula sus tensiones gestionando a cada momento su estado de salud.
El sol afecta nuestro carácter, influye en nuestro estado de ánimo. Somos más alegres y animosos en verano que en invierno, donde buscamos su calor para colorear nuestra piel y regenerarla.
Los países donde el verano es permanente y las lluvias una estación prolongada, son exuberantes en su flora y su fauna, las gentes mas esplendorosas las preocupaciones más pasajeras.
Por designios del poder poderoso que todo lo puede, me refiero al imperio de las mafias que dominan y transforman todo cuanto manipulan en favor de sus incrementos y sus posesiones, el sol altera la calidad de vida de muchos terráqueos, que se ven obligados a las sequías permanentes y malnutriciones, a exposiciones prolongadas bajo calores infrahumanos.
El sol, por si solo, es suficiente, pero necesita la colaboración del agua, la humedad necesaria para llevar a cabo sus efectos. Él absorbe y devuelve , el reseca y alivia, crea vapor y nube, se esconde tras su sombra y permanece inmune a los efectos radioactivos.
Sin su luz, la luna, pasaría desapercibida y los enamorados carecerían de tema para sus exposiciones, las brujas la desafiarían y las noches serían eternamente oscuras.
Gracias al sol el mar se llena de tornasoles, de chispeantes luces, de translucidos fondos.
Todo hierve bajo el sol. Todo sacrificio carga con su insistencia, toda luz se alimenta de oscuridad. Cada ser vive según su área luminosa, su ánimo instintivo, su voluntad de ser .

El sol sale cada día para todos, disfrutarlo pues. Buenas vacaciones.