sábado, 28 de diciembre de 2013

EMOCIONES





VINCENT VAN GOGH

Me emociono intensamente cuando vivo esos casos y cosas que remueven por dentro todo un mecanismo psicofisológico capaz de reblandecer hasta la queratina de las uñas.
Conmoverse, hasta el extremo de menguar el resto de aptitudes, desplegando un sinfín de reacciones, riendo o llorando, extremando los gestos o perdiendo la capacidad de contención.
La emoción es algo que desfigura los entornos de la dureza, un sentimiento que enaltece el ánimo o lo derriba; un estado reconocido y ansiado muchas veces porque nos envuelve en una nube de efímera complejidad sin entender nada, solo dejando que el cuerpo experimente  la parte sublime de la sensibilidad.
La emoción moviliza todos los aspectos de la misericordia, impulsa la ternura creando empatía, socorre al que sufre participando en el conjunto de sentir humano.

Emocionarse al escuchar el canto de los pájaros, porque asimilamos la pureza de la vida  en sus manifestaciones cuando interpretamos ese canto como la continuidad evidente de estar involucrados en esa participación. Notar escalofríos incomprensibles, pero intensamente benignos cuando conectamos con la bienaventuranza de la disolución, reposando del estar y el ser para diluirnos en la contemplación de la nada.
La emoción es un acto de humildad que nos despoja de la soberbia física, mostrándonos que somos capaces de vulnerar las condenas de la carne para acceder a lo más sublime del alma.
Las emociones se manifiestan cuando menos lo esperamos, nos pillan desprevenidos, por eso las aceptamos sin oponer resistencia, nos dejamos ganar por ellas relajándonos ante esa posibilidad de ser más neutros, equilibrando lo positivo con lo negativo sin pedir explicaciones ni analizar  el momento.
Una emoción puede propiciar reacciones en cadena, contagiar al mundo a través de un circuito espacial, un boomerang que viaja hasta lo más sublime del cosmos y regresa con efectos de regeneración que afectan al espíritu de las gentes.





La sensibilidad se alimenta de emociones; escenas y acciones cotidianas que nos implican como actores-espectadores de un sistema capaz de palpitar al unísono por el mero hecho de escuchar la novena sinfonía o sufrir en conjunto por un tsunami al otro extremo del mundo.
La emoción es un sentimiento benefactor, un sedante que se comparte en silencio cuando el sol nos devuelve el día. Un sentimiento que no entiende de razas ni de clases, que vulnera preceptos y se instala libremente sin ser requerida ni esperada.
Existen, sin embargo, cortezas imposibles de atravesar. Epidermis infranqueable cuyos poros han sido sellados para no transmitir ni receptar.   Cuerpos óseos impecablemente vestidos de acero, donde se concentran todos los posibles desenlaces nocivos del planeta y de sus gentes. Esos cuerpos se han formado a lo largo de los siglos con un empedernido sistema de superioridad, un adoctrinamiento impune que los materializa, sin posible acceso a lo humano. Carecen del más mínimo sentido de sensibilidad y su fortaleza consiste en estimular la de los débiles con el horror y la desnutrición mental.
Son material en bruto, peso carnal, robots adiestrados por un mecanismo industrial en la fábrica del imperialismo.

Nunca el amor plantó semilla ni tan siquiera en el útero que los engendró, crecieron ganando y se resisten a perder, sin conocer el auténtico valor de pérdidas y ganancias.
La sensibilidad, dicen algunos, no es buena, hay que dosificarla, no mostrarla ante aquellos incapaces de compartirla, porque es un flanco fácil de atacar, un espacio abierto por donde pueden entrar energías contaminantes, aprovechando espacios para otras finalidades.
Cualquier emoción que reprimamos o guardemos, sea positiva o negativa, es susceptible de convertirse en tóxica.
 Intuyo que lo negativo en una emoción, es la incorrecta expresión de la misma; un comportamiento equívoco de aquello que por intenso o desconocido puede provocar miedo o angustia, descomponiendo el origen natural y reconstruyéndolo como  algo que intoxica el sentimiento.
¿Pero quién puede aplacarla? Si con ese acto de contención se destruye el origen y la fecundidad, si en la premeditación se anula el sentimiento y se convierte en una educada compostura incapaz de ser íntegramente vivida.
REGRESO A CASA -ZANG YIMOU   (la recomiendo)

Cualquier emoción que reprimamos o guardemos, sea positiva o negativa, es susceptible de convertirse en tóxica.
 Intuyo que lo negativo en una emoción, es la incorrecta impresión de la misma; un comportamiento equívoco de aquello que por intenso o desconocido puede provocar miedo o angustia, descomponiendo el origen natural y reconstruyéndolo como  algo que intoxica el sentimiento.
Emocionarse hasta la médula presenciando un parto, viviendo la fecundidad de la lluvia o presenciando el mar en su momento más agresivo. Sentir en todo el cuerpo el ornamento acústico de una sinfonía.
Compartir el amor más tierno con el más desgastado en ambos hemisferios del cerebro pasando por su centro sin olvidar ni odiar nada.
Percibir las más mínimas sensaciones elevándolas al máximo de nuestra capacidad emocional.
Expresar libremente esa tendencia natural del ser humano para gozar con la belleza y la creación. Llorar, sin reparo, por ese pequeño arañazo en el alma, duele, pero sana.
La sensibilidad es un don natural en la existencia del hombre. Al igual que el amor que emana de ella, no se desgasta por más que se use, ni se aplaca por más que se contenga.
Me emociono intensamente, con cada latido de mi corazón que impulsa mi sangre nutriendo mi vida, tan llena de casos y cosas para emocionarse constantemente.





domingo, 22 de diciembre de 2013

EL CÉLEBRE PARTO DE LA NAVIDAD






Bien está que nos solidaricemos con el espíritu navideño. Es maravilloso que por unas horas la humanidad entera cese en su actividad bélica y en su xenofobia; que nos hermanemos como una sola familia procurando consumir el máximo para que estómago y mente se sientan equilibrados.
Es fantástico que ese espíritu implantado sistemáticamente siga consumiendo las calorías pertinentes para que el orden consumista consuma y haga prospero el crecimiento, compartiendo el placer de imaginarnos que todo anda sobre las ruedas de lo justo y  lo eficaz.
En todas las navidades que he vivido como adulta he reflexionado sobre lo positivo y lo negativo de su teatralidad, ese encanto ficticio que contagia a la humanidad de positivismo pasajero, ingenua transmutación de un estado a otro, donde sin mucho esfuerzo mental nos dejamos seducir por lo que,en nuestro subconsciente,deseamos con todas nuestras energías, pero que difícilmente llevamos a la práctica e intentamos  perpetuar.

La desviación antinatural  inculcada en la infancia por quienes no consiguieron aun desprenderse de viejos ritos y malsanas costumbres, educadores aferrados a sus inquebrantables dogmas y religiosidades, es un obstáculo que ,de no reflexionar con inteligencia y una visión real de la existencia, jamás nos permitirá salir de esa ignorancia descomunal, causa de todas las desgracias que padece la humanidad.
No existen reyes magos que regalen nada que no nos cueste de antemano un impuesto para la monarquía, ni santas claus que no se olviden de África y del todos los países tercermundistas. Somos buenos y generosos por naturaleza, demostrar esa bondad y esa generosidad es un ejercicio que necesita un mantenimiento diario.

Creo y deseo creer , que el ser humano no ha nacido para conquistar la tierra, estúpida manifestación de superioridad respecto de quien nos acoge y nos tolera, si no más bien para reconquistarnos a nosotros mismos después de la pérdida de la dignidad humana y la libertad de ser, cada uno, un a cifra única sumada al total.
En esa unicidad están implícitas todas las bondades y maldades que nos pertenecen por experiencias y resultados vividos, y con la capacidad innata que nos permite diseccionar y analizar el porque de todo, deberíamos, a estas alturas de la vida, haber aprendido a solucionar los dramáticos estados que nos están conduciendo a una extinción total de nuestra naturaleza y nuestro soporte,el planeta.
Tantas navidades como años ,después de engendrar un dios al que tememos y sodomizamos, un dios confeccionado a nuestra imagen y semejanza al que poder atribuirle todos los desastres y todos los milagros. Un ídolo al que veneramos sin respetar lo que establecimos como sus leyes, leyes que a su vez quebrantamos por ser difíciles de cumplir en este mundo, donde se utilizan como arma de opresión y reducción.




Es bueno que por unos días al año, ese dios al que crucificamos, renazca simbólicamente para regenerar nuestro estado perjudicado y lastimado por nuestras ignorancias . Es bueno que después de celebrar su nacimiento celebremos también su muerte y que año tras años nos alimentemos con la esperanza de un mundo mejor donde un juicio final nos pondrá a todos en su sitio, por escalas sociales y rendimiento físico.
Es malo que sigamos pensando que todo se resuelve con una dosis de paz administrada una vez al año, con un ejercicio de meditación alterado por el alcohol y las comilonas, el despilfarro y los excesos. Es malo dejar en reposo letal el ejercicio mental de descubrirnos y analizarnos, sometiéndonos a las leyes imperativas que nos obligan a ser más robots sumisos que leones enfurecidos.
Bien por las navidades, que adulteran nuestros sentidos, bien por la ficción fraterna que nos hace mas incrédulos y reacios a realidades, mientras sigamos narcotizados no podremos despertar del miedo y ser navideños por un espacio de tiempo interminable.

No está en mi ánimo envenenaros con una pócima negativa ese corto espacio de tiempo que llevamos esperando todo el año, para sacar a flote la mejor parte de nosotros, esa que ocultamos el resto de los días. Mas bien intento que sean lo más intensas posibles ,tanto, que se nos queden genéricamente inculcadas y no fraccionemos ese estado de bienaventuranza en espacios de tiempo de corta duración.
 Deberíamos pensar en esos hermanos de vida que desconocen el espíritu de la navidad porque hemos seccionado su espíritu sin vacilaciones, dejándolos en un punto y aparte de nuestra consciencia ,impidiéndoles el crecimiento y la manutención, desterrandoles de nuestro dios, esgrimiendo nuestras culturas como arma para mantenerlos al margen de lo divino y lo humano.
La divinidad es cósmica y pertenecemos a ella, somos ese átomo consciente que nos libera de la bestialidad ,que nos permite a través del pensamiento discernir y ser capaces de crear un mundo donde la navidad sea de todos y para todos un eterno estado de paz y bienestar.

Solo os deseo lo mejor para siempre.





sábado, 16 de noviembre de 2013

LAS COSAS QUE HAGO BELLAS



MONET
Fíjate en esa flor, tan frágil, tan erguida, con ese perfume y esa cadencia que la hace única. Está aquí para alegrar tu vida, es imposible ignorarla si te cruzas con ella, imposible resistirse   a sus encantos.
Con su presencia despierta tu amor, instintivamente la amas por ese pequeño instante de placer que te regala. Es apenas perceptible, ni siquiera has tenido tiempo de analizar ese impulso, pero sientes algo que te calma, un parentesco común te asocia a ella.
Tan bello ha sido el instante que deseas prolongarlo, ella lo sabe, no se defiende, se presta sumisa a ser cortada para satisfacer tu ilusión.
Su belleza efímera sucumbe ante tu deseo; una vez marchita nadie se percatará de su presencia ni despertará el amor.
Otras flores la prolongaran, y el aire se llenará de eternidades.
Escucha ese canto, ese trinar de aves que entonan el amanecer. Renuevan las estaciones con su idioma peregrino, volando de rama en rama, libando la gratitud del tiempo entre los grumos de tierra.
Le cantan a la vida, al sol y a la lluvia, al frío invierno y al caluroso verano. Sólo en la oscuridad cesaran sus trinos, al cobijo de la noche cerraran sus alas. Nada les preocupa, nada les altera.
Pobre pájaro enjaulado. Su protección es su cárcel, ser liberado su muerte.
Mira esa nube, si, esa que pasa ahora mismo sobre tu cabeza. Se crece y esponja, se deshilacha como un algodón desprendido de su flor. Se espeja sobre la mar sinuosa y femenina, oscurece la montaña y juega a ocultar el sol.


MONET
Sola es un adorno sobre un fondo azul; un presagio de bienes cuando todo el cielo es una nube. Nace y muere  millones de veces, cambia de lugar y tiempo; incansable se vierte sobre la vida y la vida la eleva con la ayuda del sol.
No huelen ni cantan, pero abren semillas.
Y esa piedra, tan piedra, igual a millones de piedras, tan dura, tan quieta, tan inservible y pesada. Te has tropezado con ella y la has mirado desafiante. Ella estaba allí, tú no te has percatado.
Es solo sustancia mineral, apta para varios usos. Puede ser volcánica o angular, formarse en un riñón o ser piedra preciosa.
Puede ser la piedra que se tira para dañar y esconder la mano; puede ser  piedra que produce chispa, pero difícilmente será piedra filosofal.
Pero esa, con la que has tropezado es solo una piedra más, vulgar y corriente, como el resto de piedras que juntas, forman una dura y compacta corteza terrestre.
Bajo las piedras se cobijarán los huesos, cuando tú y yo detengamos el tiempo.



MONET

Escucha ese viento. Ese movimiento aéreo que esparce las semillas y sacude los árboles renovando sus hojas.
Invisible jadeo que mece las olas, pregonando silbidos, doblegando juncos, renovando polvos, inquietando noches, acechando puertas.
Planea en el tiempo indolente y sabio; en las historias suele ser el invitado que acentúa el miedo, sacude tormentas, aviva el fuego, aletea en las aves, retuerce troncos, moldea dunas.
Nómada incansable, aventurero indomable.
En los vientos placidos, brisas serenas; las respuestas están en el viento.
Mira tú alma, tan frágil, tan única. Su belleza nunca se marchitará y despertará el amor de todas las almas que encuentres en tu camino.
Escucha su canto en la luz del sol, su recogimiento en la oscuridad, su peregrinaje por la vida; ninguna jaula podrá apresarla, ninguna muerte podrá abatirla.
Mira como trasciende bajo un fondo azul, como se nutre de las profundidades, como se sucede a si misma después de sembrar semillas.
Mira tu alma, piedra  preciosa; piedra filosofal oculta al mundo, a la vista solo de aquellos que sondean en las cavernas de la misma vida.
Libre como el viento que aviva los fuegos, amor que mueve montañas, semilla que cae en terreno fértil.
Vuela.

   
MONET

MIENTO,LUEGO EXISTO





El acto de mentir está respaldado por la excusa en la necesidad en mentir.
Miento, luego existo.
La mentira es la práctica más extendida después del sexo, yo casi diría que incluso supera al sexo, puesto que la mayoría de las veces para poder practicarlo, se miente sin escrúpulos ni remordimiento.
Si sondeamos en las bases que sustentan toda actividad humana, hallaremos que las estructuras de esas bases fueron diseñadas para producir y conseguir beneficios, y que no existen beneficios sin previo engaño, porque en la genética humana prevalece el gen de la supervivencia y somos muy propensos a creer que el fin justifica los medios.
Existen verdaderos expertos en diseñar mentiras, verdaderos profesionales de la artimaña, astutos y convincentes hasta el punto de creerse ellos mismos sus propias mentiras.





La vida, en su distribución y orden, carece de la necesidad de mentir. Se compensa a sí misma  y se retribuye con las defensas que la naturaleza le proporciona. La vida, en sí misma, no necesita mentirse para continuar, sobrevive en una secuencia de acciones relacionadas que le permiten seguir siendo sin la necesidad de engañarse ni engañar.
Pero nosotros, los inquilinos de un tiempo contratado, los moradores de superficies parceladas y expropiadas, los seres más inteligentes de la naturaleza, necesitamos sobrevivir a base del engaño reciproco, necesitamos sustentar nuestra habilidad en mentir, con el incremento cada vez mayor de la credulidad en esa necesidad.
La propia sociedad se sustenta del engaño. Todas sus normas carecen de honestidad y si en su primer origen fue diseñada en conformidad con la verdad y la sabiduría, sus propias exigencias la obligaron a prostituirse para complacerse  y alimentarse en su prostitución.




Todos, absolutamente todos, hemos mentido, no una, si no, millones de veces y cuanto más fomentamos esa costumbre más lógica nos parece, aceptando la mentira como necesidad  vital, carente de escrúpulos, para seguir el ritmo que nos marcamos en la existencia.
Las religiones se sustentan en sus propias patrañas, involucran a sus feligreses a reafirmarlas como verdades sin meditación analítica, sin profundizar en el porqué y como de sus orígenes.
Acatan leyes dictadas por especialistas en la reducción de inteligencias, sectarismos productores de mentiras cuya única finalidad es el dominio y la mansedumbre de aquellos que se dejan persuadir sin concederse la opción a desmentir, por razonamiento propio, el porqué de todas las cosas.
La comodidad subsiste en cada conformismo, nos apalancamos en ese remedio de hacer que los otros mientan por nosotros, descargando la conciencia de posibles remordimientos. Pero en esa estrategia participamos todos y utilizamos el engaño hasta para enamorar.
Siempre me planteo la cuestión de cuantos se dedicarían a la política si el sueldo que percibiesen fuese el mismo que un especialista en ingeniería, si ellos, los políticos, tuviesen que abonar sus desplazamientos y extras. Podéis estar seguros que nadie se interesaría por el bienestar del pueblo, ni por solucionar el desmadre existencial que predomina en todo el planeta.




Mienten, mienten sin vergüenza alguna para enriquecerse, para aplacar su sed de poder con la falacia de mejorar las sociedades. La corrupción y la obscenidad son las únicas metas que persiguen dichos analfabetos de la existencia, utilizan sus sermones cargados de tecnicismo para demostrar su diferencia cultural, tecnicismos que no llegan al coeficiente intelectual de las masas proletarias, porque son simples objetos a quienes extorsionar , a quienes sodomizar y exprimir física y mentalmente.
Todas las políticas se amamantan en la madre mentira, todas se sustentan de un seno que les proporciona los nutrientes para mantenerla, nunca están sedientas, nunca lo bastante como para ser destetadas y crecer por sí mismas en base a la verdad y construir ideales basados en la misma.
Todos, ellos y nosotros, fomentamos y conservamos el modo de mentir mejor, les consentimos que nos mientan, porque hemos aprendido a sacar tajada de sus mentiras a favor de las nuestras.
Tiramos piedras y escondemos la mano, señalamos hacia ellos, porque así desviamos el dedo de nuestra dirección. Hemos aprendido el arte de manipular de tanto ser manipulados, y lo peor de todo es que hemos construido un mundo basado en la mentira con la certeza de que todo es una verdad, según la conveniencia.

Las mentiras están catalogadas en grados. La mentirijilla es el grado menor, el que presenta una faceta inocente que desarrollamos en la infancia cuando queremos conseguir propósitos que nos están vedados. Es una gracia que con la que nos agraciamos y que, en vista de que nos facilita las cosas, adoptamos como sistema para conseguirlas.
La mentirijilla cede paso a la astucia. Es esa táctica pueril que nos permita avanzar en los estudios y las relaciones, echando mano de las copias, simulando ser quienes no somos, para impactar, sobornar, agradar y complacer. La astucia, si se es inteligente, puede abrirnos paso y solucionarnos el futuro, pero para ello deberemos ser previsores y evitar que la astucia nos delate y se convierta en fraude.
El fraude es esa mentira que más tarde o más temprano deja de sostener nuestra falsa identidad. Es como quedarse al descubierto por la pérdida de credenciales y verse en el apremio de tejer nuevos fraudes para sostener nuestra nueva fraudulenta identidad.
Con ese fraude nos vemos obligados a sostener la mentira de por vida, a menos que una dura realidad nos desmantele el escenario y nos convierta en revolucionarios, aceptando que la única verdad es despojarse de la mentira de una vez por todas y vivir a pelo, pero reales.
El grado más pernicioso de la mentira es el que se utiliza para humillar, someter, asesinar, defraudar, adornar mentiras  con el halo del amor, utilizando la sensibilidad y el buen hacer para conseguir finalidades que perjudican al resto de la humanidad.
Nos mentimos a nosotros mismos, cuando aparentamos, cuando establecemos que somos lo que los otros quieren que seamos. Nos mentimos cuando Nos dejamos manipular por la pereza en averiguar quiénes somos.





Mentimos para conseguir un trabajo, y decimos que nos obligan a ello.
Mentimos cuando decimos te quiero y solo verbalizamos.
La mentira es nuestra aliada en las circunstancias donde la verdad suena a demasiado débil.
Hay que mentir, si se quiere avanzar, si es el camino más fácil para llegar a cualquier meta.
Nos vemos obligados a mentir, porque la verdad asusta.
Hay mentiras piadosas, que nos resuelven verdades ocultas.
Es obligatorio mentir cuando pasamos de cierta edad.
Sin embargo reprochamos la mentira cuando nos atañe personalmente y ésta viene de otro, en el que confiábamos.
La verdad existe, pero nos da miedo, no es útil, no rinde beneficios, es demasiado cruel, está desnuda y es hermafrodita. La verdad es aquello que objetamos, porque nos obliga a ser nosotros mismos.
La verdad nos atañe solo, al nacer y al morir. Al nacer, porque no tenemos otro remedio. Al morir, porque silenciamos la mentira que ha sido nuestra vida y nos enfrentamos a la única verdad. La no existencia








CUERPO A CUERPO ANTE EL ESPEJO





AMANECER EN IBIZA
Cuerpo a cuerpo ante el espejo, no existe error, lo que veo es lo que soy, aparentemente, una imagen sin retoques ni alteraciones.
Esa soy yo.
Mejor dicho, lo que veo de mi y lo que ven los otros.
Efectúo movimientos observando cómo encajan y desencajan mis huesos en sus articulaciones, como se contorsiona mi musculatura.
No me agrado físicamente. Me disgusta esa visión, esa forma imperfecta y opaca incapaz de retener el tiempo y la erosión.
Puedo alterar esa imagen cambiándome el disfraz, puedo ser una imitación grotesca o  el símil de cualquier cosa. Puedo maquillar mi rostro, teñir mi pelo.
Pero sigo siendo yo.


IBIZA
Hago estallar el espejo convirtiéndolo en mil pedazos, y sigo reflejándome en cada fracción, descompuesta, dividida, seccionados mis miembros, troceada.
Porciones de mí se extienden por el suelo formando un mosaico. Con gran precaución recojo los pedazos y me entretengo en encajarlos como un puzle.
Cada pedazo ocupa el lugar que le corresponde, evitando las astillas cortantes, que, imposibles de encajar, van dejando pequeños espacios vacíos, confiriendo una curiosa segmentación a la imagen, ya de por si seccionada.
El puzle queda débilmente restaurado después de encolar todos los pedazos en el soporte de madera que sostenía el espejo.
Ahí estoy de nuevo,  sigo siendo yo.
A mi nueva imagen le han surgido algunas alteraciones incompletas y deformes, soy un todo de múltiples imágenes recompuestas, con surcos, donde el espacio ausente de  astillas interrumpe la continuidad alterada.
 He conseguido mutar la materia, poseo el poder de alterar, modificar, destruir, recomponer cualquier forma física manejable. Pero sigo siendo yo.



IBIZA
Mi curiosidad va en aumento cuando descubro que los pedazos de mi cuerpo seccionados han adquirido cierta gracia con la cirugía practicada.
Mi rostro ha perdido el equilibrio y se altera por el lado izquierdo con una débil brecha que junta mi ojo con mi nariz, mi boca muestra un rictus con aire de sarcasmo, casi me sonrío, sin estar yo sonriendo en mi imagen natural.
Y acabo agradándome en ese estado, compuesto por pedazos de mi misma.
Ese rompecabezas que soy yo, recompuesto centenares de veces, con esquirlas perdidas entre el tiempo y los sucesos, esos surcos imposibles de llenar con nada que no sea lo que he desechado por inútil e inservible.
Esa metamorfosis sucesiva, alimentada con desechos y reformas, con piedras preciosas y escarmientos múltiples.
Una imagen, una apariencia, un lapsus en el tiempo de los mortales, un simple reflejo apenas perceptible en el universo.




LA VIDA VIVE


GUAYASAMIN-ÓLEO
Cuando la vida se empeña en sobrevivir cargando con todas las consecuencias que a veces la hacen insostenible, es cuando las cosas vivas adquieren su mayor belleza.
La vida es la única palabra que lo contiene todo, que escenifica el  universo en toda su grandiosidad. La vida se incuba en sí misma, se continúa en su constante empeño, se magnifica en su exuberante creación.
La vida rezuma amor por todas sus constantes, es el índice, el compendio, el total del todo.
Duele, casi siempre duele, porque en su composición el dolor la revaloriza. El dolor de la vida se excreta a través de sus moradores, seres activos cuya movilidad supone el esfuerzo de sostener la vida para continuarla, aun a costa del dolor más intenso, del esfuerzo  más inhumano, de la constancia más relativa.
Vivir es estar, ser, respirar, existir en un universo generador de vida; digerir el tiempo mientras lo poseemos, cargar con todas las consecuencias que supone el milagro de estar vivos.
Vivir, encadenados a la propia vida, admitiendo el miedo a perderla, soportando las inclemencias y las contrariedades, evaporando la esencia que nos compone.


GUAYASAMIN-ÓLEO
Vivir, combatiendo las plagas de la sociedad, resistiendo la intemperie de los  malos tiempos, creciendo y menguando, sobrellevando el peso como si de una virtud se tratase, debatiendo con los sueños, afinando las notas de los desacuerdos.
Nacer, sin haberlo previsto, abrir los ojos sin reconocer la luz, reclamando energía para permanecer. Nacer con el gen de la muerte, aceptando el reto de vida sin fecha ni tiempo, respirar la materia y alimentarnos de ella; nacer sin nada ambicionándolo todo.
La vida, en su composición, contiene todos los desperfectos que la hacen perfecta, sorprende y decepciona, según el diseño con que la  idealizamos; carece de aquello que no somos capaces de ver y regala todo cuanto tiene, si no la analizamos.


GUAYYASAMIN-ÓLEO

La vida nació de un acto de amor, tal vez fue primero el amor y después la vida, deseando sentirse amada. El amor es el antídoto del dolor, la experiencia más relevante, la razón del movimiento, la esencia de la unidad, la definición consciente de la consciencia.
La vida trasciende a la muerte, engendrando más vida. La vida no cansa ni descansa, permanece activa aun cuando parece matarnos.
Todo seguirá existiendo, aun después de desprendernos de nuestra porción de vida. Todo sobrevivirá aun después de nuestro apocalipsis, porque somos únicamente un espasmo en la inmensidad, un momento en el tiempo, una experiencia que se renueva en las estrellas integrándose en la eternidad.

 
GUAYASAMIN-ÓLEO


EL ANGEL DE LA GUARDA





 Creo que uno de los oficios más difíciles por su complejidad es el de ángel de la guarda.
Andar todo el tiempo detrás de una persona para evitar cualquier daño posible debe ser agotador, porque a la mínima que se despista ocurre un incidente.
Existen, creo firmemente que existen y no sé  si son empleados de lo divino, lo ancestral, del universo o si tienen que ver con alguna religión que se apropia de la patente; la cuestión es que cada uno de nosotros tiene un  ser inmaterial, invisible protector que nos salva, la mayoría de las veces sin saberlo, de los males que nos acechan constantemente.
Claro que en mi opinión, actualmente gran cantidad de ellos están en el paro, algunos, los residentes en los países constantemente en guerra, están en huelga indefinida. Otros, los más activos, permanecen al lado de los niños, personitas que precisan  de ellos incluso para dormir y evitar los malos sueños. Un ángel alado puede desplazarse a  una velocidad superior que la nuestra y detectar vibraciones negativas en el aire, es por eso que a veces actúan como presentimiento y nos situamos en una posición de alerta.
Pero en contrapartida también existen los ángeles malos, llamados ordinariamente demonios. Andan ambos en constante tira y afloja, por obtener el dominio de las situaciones. Los demonios ejercen soberana influencia sobre los vulnerables empleados, que muchas veces amparados en la buena fe, bajan la guardia y se desentienden de su tarea.



Es entonces cuando los demonios aprovechan la situación y entran de lleno en escena. Ganan terreno en los accidentes, sobre todo de avión, donde parece ser que los ángeles se acomodan en las nubes. También en las grandes catástrofes, donde la mano imperativa del hombre hace chapuzas en vez de progresos. Imprescindibles en las políticas, donde el don del ángel puede  ser una maniobra que ejerce el demonio cuando se le disfraza de bueno.
Ciertos ángeles, desertores de su verdadera razón, forman alianza con los demonios y actúan ambiguamente en sus tareas. Son ángeles de los nuevos tiempos, que contaminados con tanta ideología fantasma se han deformado y envilecido y andan entre dos sentidos sin distinguir ni el orden ni el caos.
Hay que entablar conversaciones en voz baja con nuestro ángel personal, susurrarle quedito lo mucho que nos agrada su compañía, la seguridad que concede a nuestras frágiles vidas.
Cuando escuchamos la voz del silencio, con esa magnificencia que nos transporta a alguna parte de la estratosfera y nos sentimos fuera de órbita, estamos siendo transportados por un ángel, subyugados por su fortaleza, sometidos sin disciplina a su naturaleza etérea.
Existen personas que por su elevado potencial económico han decidido prescindir del ángel convencional, en su lugar tiene algunos a los que nombran guardaespaldas, sujetos armados hasta los dientes capaces de dominar al mismísimo diablo.
Gravitando en el vertedero residual cósmico, flotando junto con los desechos de la NASA y la URSS, satélites artificiales y otros escombros de origen desconocido, vacilan desnutridos y despreciados un sinfín de ángeles cuyas alas fueron amputadas por la corrosión y el tiempo, por la gravidez aposentada en los espíritus. Despechados y vencidos solo esperan la reconversión para reencarnarse en demonios y prevalecer entre los humanos como vencedores absolutos.

Yo, por si acaso,  le he hecho un seguro de vida al mío, con estos tiempos de crisis igual se larga a un paraíso fiscal.



Este es el mío



EL BICHO



Juan Pérez Agirregoikoa

Andaba el bicho sorteando obstáculos, encimándose a una piedra, descendiendo; topándose con una rama, dando media vuelta y cambiando el trayecto.
Insignificante ser, arrastrando su anatomía simple, invertebrado viscoso bien servido de extremidades, además de unas alas que le permitían volar.
Pocos vuelos dominaba el bicho, una determinada altura para invadir matas y arbustos, balanceándose en la frágil vértebra de un tallo, tomando el sol en el campo clorofílico de una hoja.
Era un bicho más en un mundo lleno de bichos ignorándose los unos a los otros, transitando incansables procurándose el sustento.

Nada ni nadie conocía la particular existencia de ese bicho, hasta que se cruzo en mi camino. Estaba yo deleitándome con el airecillo fresco y suave de una mañana de otoño. Apenas había clareado, transcurría ese momento donde la luz llega en silencio empujando los restos de la noche. La vida se iluminaba lentamente añadiendo sonidos y matices, regresando de su letargo, abriendo el apetito a los insectos, aves de espacio y de corral, animales y bestiarios esparcidos por la faz de la tierra.
En ese susurro de mi vida tenían cabida todos y cada uno de los momentos de mi existencia; una recopilación de instantes acumulados en un espacio físico que se sostenía  a base de nutrientes y con  el oxigeno que exudaba la vegetación.
El bicho de poco más de un centímetro, coexistía conmigo en esa mañana incipiente; en su trayecto se topó con mi pie y siguió caminando, ascendiendo por mis dedos, cosquilleando mi epidermis, ripiando mi sensibilidad con un escalofrió.
Mi observación adquirió consistencia, dedicando todo mi interés a la actividad de aquel pequeño ser.



Supuse que él ignoraba mi presencia, mi observación le traía sin cuidado, caminaba a trompicones y de vez en cuando abría sus alas realizando cortos vuelos y posándose de nuevo en la gravidez.
El bicho pasó de ser insignificante a ser tenido en cuenta; el mero hecho de reparar en él incitaba mi filosofía, despertaba mi curiosidad. El bicho y yo en una mañana de la vida, ejerciendo tareas diferentes desprovistas de intereses comunes, respirando sustancias y captando sonidos.
Pensé por un momento, en mi superioridad de tamaño, en mi ventaja consciente, en mi fuerza física. Yo poseía poder para aplastarlo, él la indiferencia hacia ese poder; esa ventaja le permitía caminar sin vacilación, sin miedo. Yo, sin embargo, realizaba malabarismos mentales obstinados en filosofar con su existencia, elucubrando a cerca del sentido de las cosas, comparando el valor de su vida respecto al de la mía.



Juan Pérez Agirregoikoa
Poco le importaba al bicho mi observación, ni la tasa que yo pudiese hacer sobre el valor de su vida.
Tal vez todos somos bichos observados por alguna inteligencia superior con poder para decidir sobre las existencias de tanto bicho. Tal vez nuestros miedos sean la desventaja del consciente; quizás nuestros razonamientos solo sean caminos para la evaluación de nuestros comportamientos; quien sabe si nuestros comportamientos contienen razón alguna que conceda sentido a la existencia.
El sol ya se ha llevado todo resto de noche. El airecillo persiste y los aromas se intensifican en la medida que se evaporan. El bicho se ha aposentado en una hoja y la devora a pequeños mordiscos, ignoro si se ha percatado de mi presencia, si ha notado mi poder, si ha presentido mis elucubraciones.
El poder no es matar, el poder es resucitar aquello que hemos matado.







CUENTO PARA TONTOS



Buenos días. Vengo a registrarme.
A registrarse? Como qué?
Como un tarado que no entiende nada.
-Que es lo que usted no entiende?
El concepto de vida.
-Y que vida sugiere?
Pues no sé, una más barata, más libre, más relajada.
-Vaya hombre! Pues lo tiene usted claro, esto es una oficina de reclamaciones y ayuda al consumidor. No se admiten registros, si no reclamaciones.
Pues a eso vengo, a reclamar que no me gusta la vida que me exigen, la que me ofrecen, la que sin consultar me han impuesto.
-Pues oiga, nunca ha puesto nadie esta reclamación. No estará usted chalado?
Es posible, pero precisamente por eso he venido aquí, para curarme de mi locura.
-No sería mejor que visitara usted a un especialista en psicología?
De allí vengo y me ha recetado que cambie de vida, por eso he venido aquí, a reclamar, porque la que me han impuesto no me gusta.
-Y que se supone que yo puedo hacer?
Pues extienda una reclamación.
-¿Y a  quien debo dirigirla?
Pues usted sabrá, a los responsables de turno. Políticos, clero, doctores, empresarios, seguridad social, potenciadores del poder....silenciadores...
-Oiga, me está usted tomando el pelo?. Mire, váyase y tómese algo, busque una buena hembra y fúmese un porrete, verá como todo cambia.
Ya, pero es que todo eso ya me lo han ofrecido antes, yo quiero otro tipo de satisfacciones, esas que me pertenecen por derecho propio y no tengo.
-De que me habla?
Pues una vivienda digna y asequible, un trabajo estable y fijo, un salario que cubra mis mínimas necesidades, una democracia limpia y sana, un médico competente, y sobre todo un coche que no contamine.
-Ja! Lo del coche debe ser un adorno a tanta exigencia, no?
Que va, estoy dispuesto a colaborar con el medio ambiente si me ponen los medios, y como eso no depende de mí, pues exijo.
-Mire, razón no le falta, pero yo soy un simple empleado, no me ponga usted las cosas difíciles y ceda el turno al que sigue.
No, yó no me voy de aquí sin exponer por escrito mi reclamación, alguien tiene que haber para cubrir estos menesteres.
-Pues no, usted vote a quien quiera en las próximas elecciones, si el candidato le concede todo lo que usted pide, pues ya sabe.
Pero eso ya lo hice montones de veces! Y mira, sigo igual.
Es usted un individuo cansino e incoherente. Lárguese o llamo a la policía.
-El siguiente!
Buenas. Vengo a poner una reclamación.
-Contra quien?
Contra el sistema.
-Jod.....Usted dirá.
No me gusta. Me levanto todos los días con dolor de cabeza, padezco de estreñimiento, tengo palpitaciones, no puedo dormir, grito, me peleo con todo el mundo, no soporto a mi mujer ni a mis hijos, y tengo los nervios destrozados.
-Vaya al médico.
Ya fui, me ha dicho que cambie de vida y como que la que tengo me la han impuesto y no me gusta  pues vengo a reclamar.
-Mire, le digo lo mismo que al otro, yo no puedo hacer nada.
Que me sugiere? A quien puedo acudir?
-Yo de usted me iría a la iglesia y rezaría con todas mis fuerzas, ya verá como Dios
le ayuda, le dará todo lo que usted le pida, porque él es el único que hace milagros.
(Un mes más tarde)
Buenos días
-Que desea?
Vengo a poner una reclamación.
-Contra quien?
Contra Dios, usted me lo recomendó hace apenas un mes, he rezado todos los días con sus noches, no me he movido de la iglesia y nada. Todo sigue igual.
-Y que espera? Tiene tanto trabajo que los pedidos siempre llegan con retraso.
Dele usted tiempo, tenga paciencia.
Al salir de la oficina de reclamaciones le atropello un coche. Lo dejó tieso en el sitio.
El oficinista salió a la calle al oír los gritos de la gente. Viendo al pobre hombre en el suelo exclamo...
Ya sabía yo que Dios mas tarde o más temprano escucharía sus ruegos.





viernes, 15 de noviembre de 2013

DEPREDADORA DE MI MISMA





Vengo de muy lejos;  distancias inmedibles, dimensiones incalculables, espacios siderales oscuros y remotos.
Soy materia portadora de conciencia, minúsculo ser engendrado en el universo, encarnado en la sustancia fortalecido por el espíritu. 

Tengo la sensación de haber sido antes, de proceder de alguna consciencia superior, de haber estado sumergida en un coma profundo sujeto a la verdad que todo lo sabe, al conocimiento que todo lo mueve, a la eternidad que todo lo contiene.

En alguna neurona permanece archivada una existencia remota que cada vez con más frecuencia deja entrever signos y huellas evidentes de sustancias afines al mundo de la no existencia.

Obligada a vivir, por la fuerza que impulsa la propia vida, carezco de inmunidad que me exima de todos los males. Soy, por lo tanto, una materia expuesta a cualquier defecto, atacada  por infinitas plagas, 
desprotegida de mi misma por invasiones ajenas a mi naturaleza.

Allí, en lo interminable, en los sucesos astrales donde se originan todos los procesos, donde ningún humano podrá alterar el devenir del génesis ni especular con las materias. Allí, donde el inicio no es el resultado exacto de ningún conocimiento científico ni dios un recurso para las explotaciones materiales.

Tal vez la respuesta sea la eterna pregunta que me obliga a crecer en la creencia de que soy algo más que una encarnación destinada al sustento de la especie.

Uno a uno, en la unidad, dependiendo categóricamente del resto. Aglutinados en la misma composición, destinados al mismo fin, articulando el mecanismo de la continuación para poder ser redimidos de alguna tara inicial, de algún fallo en la composición de nuestro complicado sistema equitativo.


Tengo la certeza de no pertenecerme, de ser la huésped de un cuerpo en demanda constante de energía, un cuerpo depredador de sí mismo, incoherente con la razón, sin razón alguna para seguir continuándose, reproducirse hasta el infinito consintiendo las repeticiones sujetas a  una evolución sin causa, desperdigándose en el tiempo de las cosas inservibles, las lógicas sin matemáticas, la persistente manía de querer ser para poseer.

Una existencia dedicada a investigar mi consistencia robótica, mi necesidad vital, con un comportamiento carroñero, alimentándome de existencias ajenas, germinada en la matriz de una estrella que posiblemente dejó de existir, pero aun vive en mí.

Cada vez soy más exigente con mis auténticas pertenencias, ese pequeño almacén de recopilaciones donde guardo las existencias remotas que me hacer preservar lo que genuinamente me pertenece.

Hoy es un hermoso domingo, .luminoso día de un año que incrementa el tiempo de los otros. Vivo alimentándome de belleza, recurso  insaciable que me permite amar todo cuanto me rodea.

Todo comienza acabando.

 Ningún fin el fin es eterno.





martes, 12 de noviembre de 2013

EXTREMIDADES EXTREMAS


BERTO ROMERO-LOS POLÍTICOS


Ambas están unidas a un mismo tronco, se benefician de las mismas distribuciones y disfrutan con los mismos derechos, sin embargo siempre andan metidas en discrepancias y conflictos, recriminándose mutuamente lo que hacen por separado, imputándose, sobrevalorando aptitudes, despreciando oportunidades sin llegar casi nunca a acuerdos beneficiosos.
La mano derecha ejerce un poder opresivo sobre la mano izquierda, hasta tal punto que según ella, su importancia en las ejecuciones es mucho más relevante que la mano izquierda, ya que por ley de vida está destinada a ser la lógica por  la cual todas las actividades precisan de esa lógica para ser desarrolladas.
Debido a esa ventaja abusa de su poder, relegando la otra mano a una simple asistente de ayuda para reforzar su estatus.
Con la mano derecha los golpes son más contundentes, la fuerza con que atiza es arrolladora, golpea, inutilizando en lo posible la reacción de la izquierda, que intenta parar los golpes para destacar su participación.
Con la mano derecha autónoma, se aprieta el gatillo, se lanzan granadas, se oprime la garganta del que grita, señalamos, se dicta, se indica, se dice adiós, nos hurgamos las narices, nos limpiamos el trasero,  cepillamos nuestros dientes, nos masturbamos,  apartamos obstáculos, encendemos el fuego, se firman acuerdos sin contar con los desacuerdos, comemos, nos rascamos, pagamos...
Con la izquierda autónoma, solo recurrimos. A no ser que por un desvío natural, nuestra mano derecha sea la izquierda, porque la naturaleza en su diversidad así lo ha decidido creando constancia de que ninguna ley 
es absoluta ni única, ninguna lógica, pues, autoriza a la mano derecha a imponer su dominio sobre la izquierda.
Con ambas manos en común acuerdo, construidas ambas con sendos apéndices llamados dedos, somos capaces de las mayores proezas, gracias a la participación de ambos lóbulos del cerebro que incitan a los miembros a desarrollar las ideas que en él se incuban, siendo imposibles de materializar sin la aportación de dichos miembros.
Pero también en el cerebro se maquinan las peores desgracias de la humanidad, el desorden caótico de las mentes enfermizas y dictadoras, y las manos sirven a esa orden automáticamente, convertidas en garras asesinas.
El cerebro es, pues, el verdadero ejecutor, el laboratorio, el gran proyecto, el anteproyecto y  todas sus derivaciones. En el cerebro está la inteligencia innata y la habilidad adquirida, el ingenio que mueve el mundo; pero sin brazos, sin ramificaciones, solo permanecería recluido en su valoración.
Ambas manos, juntas, pueden oprimir con más fuerza, cuando deciden prescindir del cerebro. También es cierto que mientras una sostiene el rifle, la otra dispara, que una sostiene la granada, mientras la otra suelta la espita.
De común acuerdo ejecutan, pero también salvan vidas, atienden partos, dirigen orquestas, escriben, diseñan, modelan, abrazan acarician, se aferran a la vida, siembran, recogen, distribuyen...
Ni la izquierda ni la derecha existirían sin un tronco que las sostuviese y un cerebro que las ordenase.
Así pues, razonemos, porque con la razón se disuelven las discrepancias y se anulan las diferencias respetando la identidad única de cada cerebro y su libertad para crecer y evolucionar.





viernes, 8 de noviembre de 2013

EN EL VACIO


PINTURAS DE 

Victor Chab






El vacío era descomunal, nada donde agarrarse. Ninguna base solida, ningún reclamo, ni un solo argumento donde asirse; el vacío era inmenso, comparable solo al lleno en el que había vivido hasta caer en ese precipicio de la nada donde el desinterés le había sumergido.
Todos los caminos andados le condujeron hasta allí; las flechas indicadoras, los gepeeses , los mapas y las autopistas, los caminos rurales, las grandes aspiraciones, el despilfarro, las sugestiones, los llamativos anuncios, los intereses, retos, religiones, extorsiones y especulaciones.
Todo indicaba una buena retribución, el logro máximo para satisfacer la vida, el completo bienestar, el equilibrio, el relax intelectual, la mejor mejora para mejorar su estancia en este paraíso terrenal, superando el remordimiento, racionando las dosis de melancolía, subyugado hasta los límites por el amor hacia sí mismo, eliminando cualquier interferencia que pudiese profanar el concepto de la existencia que había elegido. Todo era perfecto, todo rezumaba plenitud y prosperidad.


Todos los esfuerzos de su vida estuvieron dedicados en alcanzar la cumbre, ascender a la cima del éxito, coronarla, colocar la bandera de la conquista, poseer todo cuanto ambicionase sin reparar en daños colaterales, cargándose cualquier medida, aplastando a todo aquel que interfiriese en su camino, convirtiendo en su enemigo a su propio yo, manifestado en impotencia para superar obstáculos.
Y si, lo había conseguido. Llego a la cima y desde allí pudo contemplar el resto de adversarios envidiándole, admirando su dominio. Fue el ídolo de los empresarios, el ejemplo vivo de los esfuerzos humanos, el líder, el maestro, el superhombre de los negocios.
Desde lo más alto que pudo alcanzar contemplaba orgulloso el ejército de hormigas, los vasallos, los infra hombres que pululaban como moscas en un pastel de mierda del que no conseguían levantar sus alas;  los peones escaqueando razones, los inconformistas reventando proyectos, los miserables pregonando espíritus ilusorios, los predicadores prometiendo cielos, los malversadores de conciencias, políticos cómplices, sicarios, redentores...todos sometidos, todos extorsionados. Todo ese ejército estaba bajo sus órdenes, todos colaboraron a conseguir su fin,  pero el fin justifica los medios y él había conseguido ese fin, los medios fueron necesarios.


Allí, en lo más alto, resumiendo el límite, no podía ascender más. No existía montaña más alta, no sin dejar el suelo que pisaba y eso suponía, invadir el espacio, pero para que eso fuese posible debería renunciar a todo lo conseguido.
Allí, en lo más alto, retando a las nubes, suplicando alguna cosa más, algo que intuía algo inmaterial que no lograba asir con sus manos ni comprar en mercado alguno.
Desesperado, allí, en lo más alto, reconoció su impotencia para sondear en los abismos de la nada, por vez primera admitió su derrota...tanto esfuerzo, tanto poder y desconocía el pleno para no caer en el vacío.
El vacio era descomunal, nada donde agarrarse, ninguna base sólida. En el compacto de ese vacío vislumbro el vórtice del abismo y se dejó arrastrar como una pluma sin pájaro, como una cometa sin hilo, como un fardo sin alma. Y cayó, cayó y fue cayendo, hasta chocar con la materia inerte, hasta destrozar su cuerpo en un inicio. Allí, a los pies de la montaña, en el suburbio de la vida, entre peones y chusma, entre vómitos y sangre, reptando por el suelo, buscando una razón sin imagen, un sentido sin razón alguna, una montaña sin cima.
En el vacío....