jueves, 2 de octubre de 2014

EL SECUESTRO DE LA MENTE









He pensado,pensando mucho más allá de lo que normalmente se puede pensar, que el esfuerzo de pensar requiere todo un ritual de entrenamiento y autonomía.
Entrenamiento para ir adquiriendo la costumbre de pensar, autonomía para pensar por uno mismo sin que interfieran pensamientos adobados con conceptos ajenos.
Y es que el tiempo de vida se ocupa más en la supervivencia elemental que de la inteligencia original.
Tanta preocupación como exige el mantenimiento del cuerpo, con todos sus pormenores, sus deseequilibrios, sus indigestas, sus desgastes y dolencias, que apenas queda tiempo para pensar que dentro de ese cuerpo habita un cerebro capaz de solventar en gran parte toda la esa desorganización y sus consecuencias.


Pensar es hacer una pausa en cada observación y dedicarle un tiempo de reflexión, analizando punto por punto lo que sentimos, vemos y conectamos. No hace falta ser un lumbreras ni un superdotado para activar el razonamiento, la actividad cerebral es genuina, se presta por si sola a ser investigada, seleccionada, descubierta en toda su capacidad, desarrollando una potencial que nunca es utilizado al cien por cien, pero si menospreciado y esclavo de otras potencias que interfieren de forma muy agresiva en todo comportamiento.
Dejar que se piense por nosotros es aceptar la esclavitud y sentirse seguro en ella; aceptar las condiciones con un aval que concede un crédito para vivir a las ordenes de un sistema que nos protege y exige todo a la vez, impidiendo cualquier fuga, cualquier atisbo de personalidad, un grito de luz, un intento de libertad.
La masificación se caracteriza por un compacto cuerpo de sumisos que aceptan las condiciones de unos dirigentes, siendo estos expertos en pensar tanto, que incluso pensaron el modo de que el resto no piense, viven ocupados en proporcionar armamento bélico contaminante y silencioso, que va minando el carácter y la inconformidad, adiestrando de manera colectiva con un sutil encanto consumista y un toque persuasivo de intimidación.
El cuerpo personal es un cuerpo añadido al batallón de añadidos por perseverancia y conformidad. 




Cuando un cuerpo se queja se resiente al resto de
afiliados y dejando a un lado el ejercicio de pensar se opta por aceptar la solución más complaciente, asumiendo el defecto como un efecto propio de un estado del bienestar.
Los lavados de cerebro tienen como efecto secundario la eliminación de todo esfuerzo conseguido tras años de ejercer una actividad productiva. Son higienes propagandísticas que casi siempre tiene como objetivo restaurar el bien común, contribuir a que la sociedad siga sin interferencias perjudiciales para sus progenitores.
Cada vida es única, cada cerebro tiene capacidad para advertir esa prioridad, esa particularidad que nos permite discrepar de otros pensamientos, distinguir cualquier opacidad ajena de la luz propia.
La humanidad esta sometida al régimen del no pensar, a la dictadura del no distinguir, al desencanto del no ser uno para ser los otros, los del grupo, los que suman más, los que optan no ser para que sean por ellos. Este comportamiento tan borreguil nos esta llevando al desastre generacional, al holocausto intelectual, al finiquito de toda posibilidad de sobrevivir sin estar oprimidos y deshumanizados.
Las dolencias físicas están asociadas a toda esta descomposición antinatural.
El cuerpo se revela ,quiere ejercer su autonomía junto con la mente, entender y averiguar, ser capaz de asimilar lo que le sienta bien y lo que le envenena.





La atrofia mental es la culpable de todos nuestros males, la expansión de los perjuicios, el mal que acabara siendo una normalidad en un mundo de no pensantes.
Todo esta adulterado para adulterar. La manipulación de las noticias, los argumentos universitarios, los alimentos, las genéticas, los bienes y los males, las organizaciones, los conceptos, las religiones, las economías, los medicamentos, las políticas...
La necesidad de pensar y distinguir es cada vez mas acuciante si no queremos vernos manipulados hasta el extremo de sucumbir a los deseos de las potencias que absorben nuestros cerebros con un sinfín de proyectos que solo benefician a un sector muy privado de la humanidad, un sector que conoce muy bien las debilidades y ambiciones de la masificacion, un sector que piensa por los otros pensando siempre el modo de que no pensemos.
La revolución si, pero de las mentes, sin ella no pueden haber ningún otro tipo de revolucion, todas estarían condenadas al fracaso.





3 comentarios:

My dijo...

Buenos días, Gen

El análisis que acabo de leer sobre nuestra libertad o no de pensamiento es fino y acertado.
Has dado en uno de los puntos claves acerca de lo que significa el término revolución.

Bajo mi punto de vista no puede haber revolución mental en el individuo sin revolución espiritual, y cuando digo espiritual, quiero decir que es necesario que la persona tome conciencia de su fuerza y su poder individual como ser que forma parte de un conjunto inteligente que se autogestiona con la participación de su mente creadora. Y ésto por supuesto nada tiene que ver con una visión autárquica de la sociedad en donde cada uno puede hacer lo que le venga en gana.

Pensar sobre nuestros propios pensamientos es aprender a reflexionar sobre los pensamientos propios,la mayoría de los cuales son siempre ajenos y asimilados de manera natural aunque creyamos que emergen de nuestro propio yo. Cuestionarnos sobre ellos es el primer paso, el segundo observarlos desde la desidentificación sin la necesidad de llegar a la conclusión de si son falsos o verdaderos, pero sí observar si benefician a unos pocos o procuran el bienestar de una mayoría, y entonces trabajar a nivel individual y social desde la diferencia para conseguir que la vida no sea un mero acto de supervivencia sino de convivencia.

El convivir con mayor o menor armonía va ligado al acto de reconocernos como formando parte de un mismo organismo o cuerpo, en donde todos somos importantes y cada uno cumple una función determinada en el sí de una Conciencia Inteligente que se autogestiona con y sin nuestra participación.

La revolución del ser pasa primero por la revolución mental, pero no al modo como ha funcionado históricamente, a través de ideas regeneradas o sistemas de gobierno tuneados a partir de las ideas de siempre. Eso es más de lo mismo y en ello no podemos encontrar nada que sea original.

Pensar por uno mismo pasa primero por tomar conciencia del propio ser, y por ende, de estar siendo dentro del marco de una vida en la que si algo distingue a la bestia del hombre es su capacidad para razonar libremente y trascender sus instintos más primarios.

Los que suman sin más tienen la responsabilidad de aprender a pensar en los mismos términos que aquellos que siempre deciden qué es lo que debemos o no debemos pensar, creer o no creer. El miedo lleva a la sumisión y aceptación sin cuestionamiento. La soberbia a la imposición y a la dictadura. La culpa a la ignorancia. La apertura de mente y corazón a caminar todos juntos en pos de un equilibrio inteligente y un futuro digno para la humanidad.

Un abrazo

genetticca dijo...

Hola My

Gracias por este comentario tan...ilustrativo...casi..
Gracias por pasar por mi espacio de inquietudes, por tu paciencia y seguimiento.
Ahora no tengo Internet y voy a la biblioteca, escasamente, porque me queda bastante lejos. Pero me compensa vivir en este espacio libre de cables y lleno de verdes. Te recuerdo y te mando besos.

Blogger dijo...

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